Historia por partes...(2)
- ¿Pedro?, ¡Pedro!, ¡¿Donde estas?!
Tan solo el leve sonido del frigorífico acompañaba los sollozos de la joven, que, todavía con el teléfono en la mano y sentada sobre una silla de una cocina modelo, se hundía en la desesperante situación.
Alguien golpeo la puerta, la chica sobresaltada acudió rápido a la llamada. Tras la puerta, un apuesto muchacho. Abrazándolo, la joven continuaba llorando.
- Laura, ¿Cómo estas? He venido lo más rápido que he podido, me he enterado bajando del avión. ¿Qué ha pasado?
- Acabo de hablar con él, dice que se muere.
El llanto se incrementaba, de modo que la acompañó de nuevo a la cocina, donde pudiera sentarse.
- ¿Desde cuando?, ¿has denunciado la desaparición?
- Hablé con él por última vez hace una semana, el viernes. Le llame a la hora de la comida porque se retrasaba, dijo que tenia que terminar un asunto y que venia para acá, pero no volvió. Lo he llamado continuamente, pero su teléfono estaba apagado, me temía lo peor, solo hace un momento lo he vuelto a intentar, me dio señal y me contestó. No me dijo donde estaba, tan solo que se moría y que me quería. Víctor, estoy muy asustada, la única familia que le queda eres tu, ¿no te dijo nada?, ¿notaste algo raro antes del viaje?
- Nada, estaba como siempre, lo vi poco antes de coger el vuelo, pasé por la oficina para recoger unos documentos, me deseo suerte y nos despedimos. Nada raro.
El silencio se apodero de la situación. Víctor cogió de la mano a Laura y la levantó.
- Vamos a buscarlo, aquí no hacemos nada. Llama a la policía, a ver si saben algo, a los hospitales, donde sea, tiene que estar en alguna parte.
- La policía me dijo que me llamarían en cuanto supieran algo, he llamado cada día, pero no tienen nada. Hasta hoy estaba convencida de que todo estaba perdido.
- No me importa, llámales de nuevo. Tengo el coche fuera.
Caminaron hacia la entrada de la vivienda, Laura cogió su abrigo y se hicieron con un paraguas.
- Víctor, gracias por estar aquí.
- Es lo menos que puedo hacer por mi futura cuñada. – Dijo sonriendo.
La puerta se cerro tras de si, dejando tan solo el estéril brillo del fluorescente de la cocina.
4 Peras:
Suerte para Laura, me da la impresión de que la va a necesitar
Animo Dani,
a ver si publicas pronto la tercera parte y vemos cómo se va desarrollando la historia!
Vaya... me siento incluso identificado. Sigue con la historia. Me gusta.
Publicar un comentario